
Lucero llegó a nuestras vidas en 2013 y durante quince años fue esa presencia constante que se posaba en nuestros hombros mientras leíamos, que cantaba al atardecer como si quisiera contarnos el día que había vivido, y que nos despertaba cada mañana con sus llamadas inconfundibles que se convirtieron en la banda sonora de nuestro hogar. Tenía ese costumbre de seguirnos de cuarto en cuarto, nunca quería perderse nada de lo que hacíamos, y se acurrucaba en el rincón más cálido de la casa cuando sentía que algo no andaba bien con nosotros, como si supiera exactamente cuándo necesitábamos su cercanía sin que tuviéramos que decir nada. Ahora que Lucero se fue en 2028, la casa quedó más silenciosa y los rincones donde solía descansar se sienten extrañamente vacíos, pero sabemos que la manera en que
Sé el primero en dejar un mensaje