
Lucero fue nuestro conejo travieso que se robaba las verduras de la cocina y se acurrucaba en nuestro regazo cada tarde como si fuera el lugar más seguro del mundo, dejándonos sus suaves movimientos de nariz que parecían contarnos secretos. Vos compartiste con nosotros seis años de esos saltos de alegría sin motivo aparente, de esos momentos donde nos mirabas fijo a los ojos como si entendieras todo lo que sentíamos. En la casa quedó ese rincón donde dormías al atardecer y esa forma particular que vos tenías de reclamar comida con pataditas en el piso, recordándonos día a día que fuiste mucho más que una mascota, eras parte de nuestra familia.
Sé el primero en dejar un mensaje