
Lucero tenía el don de aparecer en el momento exacto cuando alguno de nosotros necesitaba su ronroneo, como si supiera leer nuestros estados de ánimo antes que nosotros mismos. Pasaba las tardes enroscado en el sillón del living donde el sol pegaba de lleno, y cuando alguien se sentaba a su lado se movía apenas lo necesario para dejar lugar, nunca se iba. En 2022 se fue dejando un silencio en la casa que todavía no sabemos bien cómo llenar, porque Lucero no era solo un gato que vivía con nosotros sino parte de la forma en que nos queríamos entre todos.
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