
Lucero fue ése que se acostaba en nuestro regazo apenas nos sentábamos, ronroneando como motor mientras nos miraba fijo a los ojos como si supiera exactamente qué necesitábamos en cada momento. Durante doce años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples: esperar en la ventana al atardecer, perseguir un rayo de sol por toda la casa, y recibirnos cada vez como si fuéramos lo más importante del universo. Dejó vacío ese rincón donde dormía, el silencio donde estaba su ronroneo, y un amor tan grande en nuestros corazones que cada tanto seguimos girando para buscarlo sin pensar.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →