
Lulu llegó a nuestras vidas en 2005 y durante trece años fue la brújula de nuestras rutinas, esa que nos esperaba ansiosa en la puerta cada vez que salíamos y nos recibía como si fuéramos héroes de alguna aventura olvidada. Vos tenías ese don de entender nuestros silencios, de meterte en la cama cuando alguien estaba triste sin que nadie te lo pidiera, y de convertir cada paseo por la cuadra en una ceremonia donde saludabas a cada vecino como si fueran viejos amigos que no veías hace años. Se fue en 2018 dejando un vacío que ningún ruido llena, porque la casa perdió sus pasos, sus suspiros, esa forma particular que tenías de existir entre nosotros sin pedir nada más que estar juntos.
Sé el primero en dejar un mensaje