
Luna llegó a nuestras vidas en 2006 y durante ocho años fue esa presencia que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos a casa, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía. Te encantaba perseguir las hojas en el patio y dormir en el rincón soleado de la sala, donde se quedaba horas observándonos con esos ojos que parecían entender cada palabra que decíamos. El silencio que dejaste en 2014 nos mostró cuánto espacio ocupabas en nuestros días, y aunque ya no estés, seguimos escuchando el sonido de tus pasos en los pasillos de la casa.
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