
Manchas era ese gato que se te sentaba en el regazo exactamente cuando vos necesitabas que lo hiciera, como si tuviera un radar para los días difíciles, y que ronroneaba tan fuerte que parecía que iba a despegar de la silla. Te esperaba cada tarde en la puerta con ese maullido particular que solo vos entendías, y se metía entre las sábanas a la noche para dormir con su cabecita apoyada en tu almohada. Desde que te fuiste en 2013 quedó un silencio en la casa que ningún otro ronroneo logró llenar, porque vos eras único y el tiempo que tuvimos juntos, aunque corto, fue infinito.
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