
Mango llegó a nuestras vidas en 2017 y durante ocho años fue eso que los gatos saben ser mejor que nadie: un testigo silencioso de nuestros días, alguien que dormía en la almohada donde apoyábamos la cabeza y que nos recibía con ese ronroneo inconfundible cada vez que volvíamos a casa. Te acostumbraste a sus costumbres de madrugada, a esos saltos que hacía desde lugares imposibles, a la manera en que se acurrucaba en el sofá exactamente cuando vos necesitabas compañía sin decir una palabra. Ahora la casa tiene un silencio distinto, ese que solo deja un ser que estuvo tan presente que su ausencia duele como una habitación que quedó vacía, y sabemos que la forma en que nos amó Mango fue tan verdadera que seguirá siendo parte de lo que somos.
Laura Martínez
27 de agosto de 2025
Que lindo fue tenerlo aunque haya sido poco tiempo.
Adrián Mendoza
6 de agosto de 2025
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Romina Ramos
22 de mayo de 2025
Qué difícil. Solo sé que lo amaron mucho y eso es todo.
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