
Mango llegó a nuestras vidas en 2010 y durante trece años fue ese ser que te esperaba en la puerta cada vez que llegabas a casa, ronroneando mientras se frotaba contra tus piernas como si quisiera decirte que había extrañado cada minuto de tu ausencia. Con ese carácter que te hacía reír, Mango tenía la costumbre de dormir en los lugares más incómodos de la casa, siempre ocupando exactamente el espacio donde vos necesitabas estar, y eso era parte de su encanto porque sabías que te elegía a vos. En el silencio de las tardes, cuando falta alguien que te conoce tan profundamente, seguimos buscando esa mirada particular de Mango, ese ronroneo que era nuestra medicina, y entendemos que lo que dejó grabado en nuestros corazones nunca va a desaparecer.
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