
Mango llegó a nuestras vidas en 2012 y durante catorce años fue ese ser que te esperaba en la puerta con una alegría tan genuina que hacía que cualquier día malo se transformara en un momento especial, con esa forma única que tenía de mover la cola cuando escuchaba nuestras voces desde lejos. Te encantaba ronronear en el sofá a la tarde, recostarse en los pies mientras mirábamos películas, y había algo en tu paciencia con los chicos pequeños que nos hacía sentir que vos sabías exactamente qué necesitábamos en cada momento. Ahora que te fuiste dejaste un vacío tan grande en esta casa que todavía miramos tu lugar favorito esperando verte llegar, y en silencio entendemos que esos catorce años que compartimos con vos fueron el regalo más puro que pudimos haber recibido.
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