
Max sos el perro que nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples, en esperar ansiasamente nuestro regreso a casa y en esos paseos donde vos marcabas el ritmo, deteniéndote para oler cada rincón como si fuera la primera vez. Te recordamos por tu costumbre de apoyar la cabeza en nuestras rodillas cuando sentías que algo nos pasaba, como si supieras exactamente cuándo necesitábamos sentir tu presencia cerca. En estos años desde que te fuiste, dejaste un vacío que no se llena fácil, ese silencio cuando no escuchamos tus pasos alegrando la casa o ese lugar en el sofá que sigue siendo tuyo, porque vos sos irreemplazable.
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