
Maya fue nuestra compañera durante catorce años de alegrías simples, esas que solo ella sabía regalar: despertarnos con sus ronroneos a la madrugada, perseguir los rayos de sol por toda la casa y exigir mimos en el momento exacto en que más los necesitábamos. Su costumbre de dormir en el mismo lugar donde estábamos nosotros, sus maullidos particulares para cada situación y esa forma única que tenía de pedirte que le abrieras la puerta una, dos, tres veces en el mismo día se convirtieron en la banda sonora de nuestras vidas. Ahora las habitaciones están demasiado silenciosas y los rincones donde dormía se ven vacíos, pero sabemos que lo que Maya nos enseñó sobre el amor sin condiciones, la paciencia y la presencia genuina quedará con nosotros para siempre.
Claudia Pérez
12 de marzo de 2026
Un beso enorme. Fuerza.
Agustina Ortiz
22 de febrero de 2026
Estos peluditos se llevan un pedazo del corazón.
Verónica Sosa
11 de enero de 2026
Desde el primer momento se nota cuánto lo quisieron.
Facundo Acosta
15 de diciembre de 2025
Los que amamos a los animales sabemos lo que cuesta despedirse.
Diego Ramírez
18 de enero de 2025
Que hermoso homenaje. Merece cada palabra.
Sergio Leiva
13 de diciembre de 2024
Siempre va a estar presente en los mejores momentos que vivieron juntos.