
Maya tenía ese don especial de saber exactamente cuándo necesitábamos su presencia, saltando a nuestro regazo en los momentos más grises para recordarnos que estaba todo bien. Pasaba las tardes asoleándose en la ventana de la cocina y luego venía a ronronear mientras cocinábamos, como si supervisara que todo saliera perfecto para la cena. En 2020 se fue dejando un silencio en la casa que todavía sentimos, ese vacío en la rutina diaria que solo alguien que fue parte de cada momento puede dejar.
Mariano Campos
2 de mayo de 2026
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Lucía Delgado
14 de abril de 2026
Cuánto amor en tan poco tiempo. Gracias por compartirlo.
Agustina Ortiz
22 de febrero de 2026
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Carlos Suárez
27 de enero de 2026
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.
Hernán Reyes
26 de septiembre de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Adrián Mendoza
28 de mayo de 2025
Que descanse en paz. Fue muy querido.