
Maya fue una hámster que nos enseñó a ver el mundo desde su perspectiva diminuta, observando cómo se paraba en sus patitas traseras cada atardecer para vigilar que todo estuviera en orden en su territorio, y cómo nos esperaba despierta cuando llegábamos a casa sabiendo que era hora de compartir ese momento mágico juntos. Durante diez años nos regaló la rutina constante de escuchar sus ruedas girar en las noches de insomnio, ese sonidito que se volvió parte de la banda sonora de nuestras vidas y que ahora extrañamos de una manera que no esperábamos. El hueco que dejó Maya no es el de una mascota cualquiera sino el de alguien que estuvo presente en los cambios de nuestras vidas, que vio crecer a los chicos, que fue testigo silencioso de nuestros días grises y que supo recordarnos con su simple existencia que la ternura viene en todos los tamaños.
Martín Zamora
16 de abril de 2026
Un fuerte abrazo. El amor que le dieron fue enorme.
Sergio Leiva
28 de marzo de 2026
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Silvana Silva
5 de enero de 2026
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Damián Ponce
3 de agosto de 2025
Un beso enorme. Fuerza.