
Maya llegó a nuestras vidas en 2009 y durante once años fue esa presencia que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos, con ese movimiento inconfundible de la cola que nos decía sin palabras cuánto nos había extrañado. Te acordás de cómo se posaba en el sofá a nuestro lado cuando llovía, como si supiera que necesitábamos que alguien nos hiciera compañía en los días grises, y de cómo insistía en meter la cabeza bajo nuestras manos para recordarnos que seguía ahí. Dejó un silencio en la casa que no esperábamos, ese tipo de vacío que no se llena con nada, pero nos quedaron once años de tardes compartidas, de esas pequeñas costumbres que se vuelven la razón por la que uno llega a casa.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →