
Maya tenía la costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que llegábamos, saltando de alegría y moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía, aunque hubiésemos salido solo cinco minutos. Le encantaba dormir en la cama con nosotros los domingos por la mañana, acurrucada entre todos, y nos despertaba con lamidas suaves que hacían que cualquier día difícil empezara de otra manera. Se fue en 2024 dejando un silencio en la casa que todavía duele, esos espacios vacíos donde solía estar, las rutinas que ya no tienen sentido sin ella.
Ezequiel Pereyra
3 de marzo de 2026
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Micaela Molina
23 de febrero de 2026
Siempre vive en quienes lo amaron.
Tomás Giménez
25 de septiembre de 2025
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Hernán Reyes
2 de julio de 2025
Que lindo fue tenerlo aunque haya sido poco tiempo.
Mónica Torres
6 de junio de 2025
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Ana García
11 de febrero de 2025
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Marcos Benítez
21 de diciembre de 2024
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Susana López
21 de diciembre de 2024
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Mónica Torres
1 de diciembre de 2024
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.