
Maya fue nuestra pequeña sabia del hogar durante doce años, esa que nos enseñó que la paciencia no es solo una virtud sino una manera de estar en el mundo, observándonos cada día desde su rincón con esa mirada profunda que nunca olvidaremos. Te acostumbraste a nuestras rutinas como nosotros a las tuyas, esperando el baño del fin de semana y ese paseo por el patio donde caminabas lentamente pero con propósito, recordándonos que no siempre se trata de llegar rápido sino de disfrutar cada paso del camino. El silencio en la casa cambió cuando te fuiste, y hoy seguimos dejando tu lugar intacto porque los años que compartimos nos enseñaron que vos no eras solo una mascota sino la presencia tranquila que nos mantenía unidos y en paz.
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