
Mia llegó a nuestras vidas en 2014 y durante siete años nos despertó con sus ronroneos matutinos, exigía caricias con ese toque de pata inconfundible y se acurrucaba en nuestro regazo como si fuera el único lugar seguro del mundo. Te conocimos en cada rincón de la casa, desde tu obsesión por sentarte en la ventana a mirar pasar el día hasta esos momentos donde te escondías bajo la cama cuando necesitabas estar sola, y aprendimos a respetar tu ritmo porque así eras vos. Desde que te fuiste en 2021 falta tu presencia en las mañanas silenciosas, ese meow particular que nos llamaba a cenar y la forma en que cambió nuestro hogar sin tu cuerpo tibio recorriendo cada espacio que compartimos juntos.
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