
Milonga fue nuestro pequeño guardián nocturno que durante trece años nos despertó con sus rueditas girando sin parar, cada madrugada nos recordaba que estaba ahí, vivo y curioso, explorando su mundo mientras nosotros dormíamos. Tenía ese hábito hermoso de guardar semillas en sus cachetes y luego esconderlas por toda la jaula, como si preparara tesoros invisibles que solo él sabía dónde estaban, y nos hacía reír verlo con las mejillas infladas como un pequeño avaro. Cuando se fue dejó un silencio raro en casa, ese vacío que solo dejan los seres que amamos sin ruido, porque Milonga no necesitaba ladridos ni maullidos para ocupar un lugar enorme en nuestros corazones.
Micaela Molina
21 de mayo de 2026
Que descanse en paz. Fue muy querido.
Laura Martínez
19 de abril de 2026
Desde el primer momento se nota cuánto lo quisieron.
Rodrigo Flores
16 de marzo de 2026
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Ezequiel Pereyra
19 de enero de 2026
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.