
Mochi llegó a nuestras vidas en 2015 y durante trece años fue esa presencia constante que nos esperaba cada mañana con su algarabía inconfundible, transformando los días más grises en momentos de pura alegría con sus gestos inesperados y su forma única de pedir caricias. Vos sos el que nos enseñó a estar presentes, a notar esas pequeñas cosas que hacen la vida hermosa: cómo te acurucabas en nuestros regazos cuando alguien estaba triste, cómo celebrabas cada regreso a casa como si fuera la primera vez, cómo compartías tu mundo sin pedernada a cambio. En el espacio donde vos soñabas, donde se escuchaban tus pasos y tus ronroneos, quedó grabado el ritmo de una vida vivida intensamente, y aunque hoy tu lugar está vacío, seguimos encontrándote en esos momentos en que recordamos que alguien nos
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