
Mochi fue ese gato que nos enseñó a entender el silencio, porque pasaba horas observando desde la ventana con una paciencia que nunca dejó de sorprendernos, y cuando finalmente decidía ronronear en nuestro regazo era como recibir el premio más valioso del mundo. Tenía ese hábito de esperar justo a la puerta cuando llegábamos a casa, y aunque no siempre nos saludaba con efusividad, sabíamos que nos había estado esperando porque se frotaba contra nuestros tobillos con esa ternura discreta que lo caracterizaba. Se fue dejando un hueco en nuestras rutinas diarias que ningún otro gato podría llenar, porque Mochi no era solo quien compartía nuestro hogar, sino quien le daba un ritmo especial a cada uno de nuestros días durante estos dieciséis años.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →