
Mora tenía la costumbre de esperar nuestro regreso en la puerta con esa forma particular suya de mover la cola que parecía mover todo su cuerpo, y en las tardes se acostaba sobre nuestros pies como si quisiera asegurarse de que no nos iríamos sin ella. Nos enseñó que la felicidad podía estar en las cosas más simples: un paseo por la cuadra, un juguete gastado, la compañía en silencio mientras mirábamos televisión. Desde que te fuiste en 2019 dejaste un hueco en la casa que se nota en esos momentos cuando alguien abre la puerta y esperamos escuchar tus pasos venir hacia nosotros.
Vanesa J.
24 de junio de 2026
Que en paz descanse. Se merecía todo.