
Mora llegó a nuestra casa en 2017 como un pequeño torbellino que nunca dejó de serlo, saltando entre los muebles del living y robándose las medialunas del desayuno con esa picardía que nos hacía reír incluso cuando nos enojábamos. Durante diez años fuiste nuestra despertadora viviente, ese ser que nos esperaba en la puerta cada vez que salíamos y celebraba nuestro regreso como si fuera el acontecimiento más importante del universo, sin importar si habíamos estado fuera diez minutos o diez horas. Te llevás con vos esos paseos por la plaza donde otros perros te envidiaban tu energía, tus carridas sin sentido que parecían danzas de pura alegría, y sobre todo ese espacio en el corazón que nadie más va a llenar de la misma manera.
Sé el primero en dejar un mensaje