
Mora tenía esa costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que llegábamos, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía en la vida, y esos momentos se convirtieron en el ritual más importante de nuestros días. Te encantaba buscar los rayos de sol que entraban por las ventanas y dormitar en ellos durante horas, y después venías a apoyar tu cabeza en nuestras piernas como si quisieras compartir toda esa paz que habías encontrado. En 2018 nos dejaste un vacío que todavía respiramos en cada rincón de la casa, porque vos no eras solo parte de nuestra familia, eras el corazón que le daba ritmo a todo lo que hacíamos juntos.
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