
Nala fue ese pequeño corazón inquieto que nos despertaba en las noches con sus ruedas girando sin parar, como si tuviera toda la energía del mundo guardada en ese cuerpito diminuto que tanto amamos durante seis años. Vos eras nuestra compañía silenciosa en los momentos tranquilos, acurrucada en nuestras manos mientras nos miraba con esos ojitos brillantes que parecían entender cada cosa que le decíamos. En el espacio que dejaste en la casa, en esa jaula que ahora está vacía y en nuestros corazones, quedó la certeza de que los días junto a vos fueron llenos de ternura y pequeños gestos que nos recordaban por qué la vida se mide en momentos, no en años.
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