
Negra tenía la costumbre de correr en su rueda hasta altas horas de la noche mientras nosotros veíamos televisión, y ese sonido rítmico se convirtió en la banda sonora de nuestras tardes en familia, algo que ahora extrañamos cada vez que el silencio nos sorprende. Le encantaba acumular semillas en sus cachetes y después las escondía en los rincones más inverosímiles de su jaula, como si guardara tesoros secretos que solo ella sabía dónde encontrar. Negra dejó un vacío en nuestra rutina diaria que no esperábamos sentir tan profundamente, porque aunque era pequeña, encontró la manera de hacerse grande en nuestros corazones durante estos años que compartimos.
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