
Negrito fue nuestro despertador favorito durante diez años, ese perro que saltaba a la cama cada mañana como si descubriera el mundo de nuevo y nos obligaba a levantarnos con su entusiasmo contagioso. Te acordás de cómo se acostaba en la cocina mientras cocinábamos, esperando pacientemente ese pedacito de comida que nunca llegaba pero que vos mismo le dabas porque no podías resistir sus ojitos pidiendo desde el piso. Dejaste un silencio raro en la casa, en esas horas donde solías estar detrás de nuestros pasos, y aunque ya no escuchemos tus patitas en el patio, seguís siendo la razón por la que abrimos la puerta esperando verte llegar.
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