
Nemo llegó a nuestras vidas en 2015 trayendo una alegría que no sabíamos que nos faltaba, y durante diez años fue testigo de todos nuestros momentos, desde los más felices hasta los más difíciles, siempre con esa forma única que tenía de apoyar la cabeza en nuestras rodillas cuando algo nos preocupaba. Te acordás cómo saltaba cada vez que escuchabas la puerta, o cómo insistía en dormir siempre entre nosotros, reclamando su espacio en la cama como si fuera lo más importante del mundo, y cómo esos rituales cotidianos terminaron siendo lo que más extrañamos. Nemo se fue en 2025 dejando un silencio en la casa que no sabemos cómo llenar, porque no hay otro que nos reciba con esa devoción pura, sin juzgarnos, aceptándonos tal como somos, y esa ausencia de su presencia es lo que duele
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