
Nemo fue ese perro que nos esperaba cada tarde en la puerta con la cola meneando, y que insistía en dormir apoyado en nuestros pies como si fuera lo más importante del mundo. Tenía un modo peculiar de pedir permiso antes de subirse al sofá, mirando fijo a los ojos hasta que alguien le hacía un gesto, y adoraba perseguir las hojas que se volaban en el patio como si fueran sus presas más valiosas. Desde que se fue en 2020, la casa quedó más silenciosa y las rutinas que compartimos con él dejaron un vacío que todavía sentimos cada vez que abrimos la puerta.
Ana García
8 de abril de 2026
Un abrazo. No hay palabras para este dolor.
Carlos Suárez
25 de febrero de 2026
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Ignacio Miranda
8 de septiembre de 2025
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Leandro Gómez
21 de agosto de 2025
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.
Tomás Giménez
17 de agosto de 2025
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Patricia Díaz
11 de junio de 2025
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Federico Blanco
22 de marzo de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Agustina Ortiz
5 de marzo de 2025
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Facundo Acosta
21 de diciembre de 2024
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
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