
Nena llegó a nuestras vidas en 2016 y durante dieciséis años fue la razón de nuestras tardes más tranquilas, saltando por el patio y acercándose a frotarse contra nuestras manos con esa ternura que solo ella sabía dar. Te acordás de cómo se metía en los rincones más raros de la casa buscando el lugar perfecto para su siesta, o cómo nos esperaba junto a la puerta cada vez que llegábamos, con ese movimiento de nariz que significaba que estaba feliz de vernos. Dejaste un vacío en esta casa que no se llena, porque no hay otro ser que haya sabido acompañar nuestros días con tanta quietud, tanto cuidado y tanto amor como vos lo hiciste durante todos estos años.
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