
Nena fue esa presencia silenciosa que transformaba cualquier rincón de la casa en un lugar más cálido apenas se acomodaba en él, y durante estos siete años aprendimos a leer sus estados de ánimo en cada ronroneo y cada mirada de sus ojos. Te gustaba inspeccionar cada rincón de la cocina cuando cocinábamos, saltar a nuestras camas a las tres de la mañana como si fuera el momento más importante del día, y perseguir la luz del sol que entraba por las ventanas con una dedicación que te hacía olvidar cualquier otra cosa. El silencio que dejaste en esos lugares donde eras reina, en esos rincones que eran solamente tuyos, es el que mejor te guarda en nuestros corazones y nos recuerda todos los días que estuviste acá.
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