
Nena llegó a nuestras vidas en 2017 y durante quince años fue la dueña absoluta de cada rincón de la casa, desde la ventana donde pasaba las tardes observando el mundo hasta la cocina donde nos seguía con la esperanza de que algo cayera al piso. Vos tenías esa costumbre de ronronear cuando nos sentábamos a comer, como si fueras parte de la conversación, y nos enseñaste que la paciencia verdadera era esperar en el sillón hasta que alguien llegara para acurrucarse en sus piernas. Te llevás con vos quince años de mimos sin pedir nada a cambio, de esos momentos donde te frotabas contra nuestras manos y nos hacías sentir que éramos lo más importante del universo, y la casa quedó más callada el día que te fuiste.
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