
Nena llegó a nuestra casa en 2015 y durante trece años fue la que nos despertaba cada mañana con sus saltitos ansiosos esperando que alguien se levantara para acompañarla al patio, una rutina que nunca cambió ni un solo día. Te encantaba sentarte en la puerta de la cocina mientras cocinábamos, con esa paciencia infinita de quien sabe que algo bueno siempre termina cayendo al piso, y nos hacías reír cuando levantabas la cabeza con la boca abierta esperanzada. Te fuiste en 2028 dejando un silencio en la casa que todavía duele, porque los rincones donde dormías y los sonidos de tus patas en las baldosas son cosas que no se olvidan, y cada día buscamos tu presencia sin encontrarla.
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