
Nina fue nueve años de despertar con alguien que te esperaba ansioso junto a la puerta, de esos saltos sin motivo que te recordaban que la alegría podía ser tan simple como tu regreso a casa. Tenía ese don de saber cuándo necesitabas silencio y cuándo necesitabas su cabeza apoyada en tu falda, y pasó buena parte de sus días persiguiendo el rayo de sol que entraba por la ventana de la sala como si fuera lo más importante del universo. Lo que Nina se llevó cuando se fue fue ese ritual de cada mañana, esa forma de estar presente sin exigir nada, y dejó en nosotros un vacío tan profundo que nos recordará por siempre que estuvo aquí.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →