
Odie fue quien nos enseñó que la felicidad podía caber en las cosas más simples: una pelota vieja, el sonido de nuestras llaves llegando a casa, esos momentos donde se tiraba boca arriba esperando que alguien le rascara la panza sin pedirlo dos veces. Durante dieciséis años nos acompañó en cada rincón de la casa, durmiendo siesta en el patio cuando brillaba el sol, esperándonos cada noche en la puerta con esa manera particular que tenía de mover todo el cuerpo porque la cola no le alcanzaba para expresar lo que sentía. Lo que dejó Odie no se llena con otro perro, porque se llevó esa forma única que tenía de mirar, esa ronquera cariñosa al saludarnos y esa presencia tranquila que convertía cualquier día malo en algo más llevadero.
Rodrigo Flores
19 de diciembre de 2025
Que hermoso homenaje. Merece cada palabra.
Santiago Vidal
10 de diciembre de 2025
Estos peluditos se llevan un pedazo del corazón.
Vanesa Ríos
24 de noviembre de 2025
Que hermoso homenaje. Merece cada palabra.
Facundo Acosta
25 de julio de 2025
Siempre lo voy a recordar. Un beso grande.
Natalia Cruz
23 de junio de 2025
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.