
Paco era ese perro que te seguía de habitación en habitación sin hacer ruido, simplemente para estar cerca, y que se despertaba apenas escuchabas las llaves en la puerta como si hubiera estado esperando ese momento todo el día. Los últimos años los pasó tumbado en su rincón preferido del living, observando cada movimiento nuestro con esos ojos que parecían entender todo lo que decíamos, y aunque ya no corriera por el patio como antes, su sola presencia llenaba la casa de una paz que ahora extrañamos cada mañana. Dejó un silencio que duele, ese que notás cuando no escuchás sus pasos en el piso o cuando tu mano busca acariciarle la cabeza sin pensar y se da cuenta de que ya no está.
Sé el primero en dejar un mensaje