
Paco llegó a nuestras vidas en 2017 y durante doce años fue ese ser que nos esperaba cada tarde en la puerta con la cola moviéndose como si celebrara nuestro regreso del trabajo, como si fuéramos lo más importante que le había pasado en el día. Tenía esa costumbre hermosa de meterse en la cama con nosotros en las mañanas frías, buscando ese rincón tibio entre las almohadas, y siempre sabía cuándo algo nos pasaba porque se quedaba quietito a nuestro lado sin pedir nada, solo acompañando. Cuando se fue en 2029 dejó un vacío que ninguna otra presencia puede llenar, ese espacio en el piso donde dormía, esa mirada que ya no nos espera, ese silencio donde antes sonaba el sonido de sus patas corriendo por la casa.
Sé el primero en dejar un mensaje