
Pancho fue ese perro que se plantaba en la puerta cada vez que nos íbamos y nos esperaba con la misma ilusión cuando volvíamos, como si no hubiera pasado ni un minuto desde que nos fuimos. Le encantaba perseguir las hojas que volaban en el patio y quedarse dormido en los lugares más raros de la casa, siempre buscando donde nadie lo esperaba. Sus nueve años dejaron un silencio particular en casa, ese que sentís cuando falta alguien que estaba ahí todos los días sin pedir casi nada a cambio.
Sé el primero en dejar un mensaje