
Pecas fue ese perro que se despertaba con vos cada mañana y te seguía de habitación en habitación como si fuera parte de tu propia sombra, esperando siempre el momento en que te sentaras para apoyar su cabeza en tus rodillas. Durante diez años nos enseñó que la felicidad vivía en las cosas simples: una caricia en la oreja, un paseo por la manzana, el ritual de esperar junto a la puerta cuando alguien llegaba a casa. El silencio que dejó Pecas cuando se fue es tan grande que todavía miramos ese rincón donde dormía, sabiendo que ningún otro perro podría ocupar ese lugar que fue solo suyo.
Romina Ramos
23 de febrero de 2026
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Gonzalo Vargas
11 de diciembre de 2025
Desde el primer momento se nota cuánto lo quisieron.
María González
22 de noviembre de 2025
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Camila Quiroga
17 de noviembre de 2025
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Adrián Mendoza
12 de noviembre de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Mariano Campos
8 de agosto de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.