
Pecas llegó a nuestras vidas en 2018 trayendo una alegría que no sabíamos que necesitábamos, y durante dieciséis años fue el primero en recibirnos en la puerta cada vez que volvíamos a casa, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía. Te gustaba dormir en el sofá de la sala viéndolos a todos pasar, y en las tardes lluviosas te acercabas a apoyar tu cabeza en nuestras rodillas sin pedir nada, solo estar ahí con nosotros. Dejaste un hueco en la casa que no se llena, en esas costumbres que compartimos cada día, y en el corazón de cada uno de nosotros que aprendió a amar diferente gracias a vos.
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