
Pecas llegó a nuestras vidas en 2014 y durante seis años llenó cada rincón de la casa con su curiosidad de siempre querer investigar qué había en la cocina, sus carreras sin sentido por el patio y esa forma única que tenía de apoyar la cabeza en nuestras piernas cuando algo no le gustaba. Te acordás de cómo se burlaba cuando lo llamábamos para el baño, cómo esperaba con ansiedad el sonido de la puerta porque sabía que alguien volvía, y cómo se dormía con los ojos entrecerrados como si no quisiera perderse nada de lo que pasaba alrededor. Pecas se fue en 2020 y dejó un vacío que no es fácil explicar porque no se trata solo de extrañar a una mascota, sino de echar de menos esa presencia que hacía que la casa fuera un lugar donde siempre había alguien esperándote con la cola en movimiento.
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