
Pelado fue nuestro despertador viviente durante dieciséis años, ese que se paraba en la cama a las seis de la mañana con sus patas danzarinas pidiendo que salieran a caminar, y nosotros nunca pudimos negarle ese ritual que se convirtió en el latido de nuestros días. Le encantaba perseguir las sombras que proyectaban los árboles en el patio y quedarse dormido en el rincón más absurdo de la casa, como si cada lugar nuevo fuera el descubrimiento de un tesoro que solo él podía ver. El silencio de la casa sin sus jadeos, sin ese sonido de sus garras en las baldosas cuando nos escuchaba llegar, nos enseñó que los años más hermosos nunca se miden en cantidad sino en cómo alguien logra estar presente en cada momento, incluso en los más pequeños.
Fernanda Vega
17 de marzo de 2026
Los que amamos a los animales sabemos lo que cuesta despedirse.
Julieta Ibáñez
11 de noviembre de 2025
Un fuerte abrazo. El amor que le dieron fue enorme.
Daniela Ojeda
20 de julio de 2025
Siempre en nuestros corazones. Qué suerte haber podido conocerlo.
Martín Zamora
2 de mayo de 2025
Estos peluditos se llevan un pedazo del corazón.
Tomás Giménez
20 de diciembre de 2024
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.