
Perla fue nuestra pequeña exploradora nocturna que durante nueve años nos despertaba con sus ruedas girando sin parar, curioseando cada rincón de su mundo como si descubriera tesoros cada noche. Sos la que nos enseñó a quedarnos quietos para verla acurrucarse en nuestras manos, confiando en nosotros de una manera que parecía imposible para un animalito tan chiquito y delicado. Te dejaste extrañar en los silencios de la casa, en esos momentos cuando buscamos tus correteos nocturnos y encontramos solo la ausencia de tu energía inagotable que hacía que cada día fuera un poco más vivo.
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