
Perla era esa presencia que hacía que cada regreso a casa fuera diferente, con su forma particular de saludar que parecía decir más que mil palabras y su costumbre de seguirnos de habitación en habitación como si fuera lo más importante del mundo. Nos enseñó a ralentizar la vida, a encontrar alegría en las cosas simples como una salida al parque o el sonido de la puerta, y dejó en nuestros días una rutina de cuidados y mimos que se convirtió en parte de quiénes somos. Desde que te fuiste en 2022, hay un silencio especial en los rincones donde solías descansar, un espacio que nadie más puede llenar porque eras vos la que transformabas una casa en un hogar.
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