
Perla fue esa presencia constante que nos recibía en la puerta cada vez que volvíamos, con esa manera suya de mover la cola que hacía que todo lo malo del día se desvaneciera en segundos. Te encantaba echarte en la baldosa más fresca de la cocina durante el verano y seguirnos de un lado para el otro de la casa, como si fuera tu responsabilidad cuidar que nadie se perdiera entre las habitaciones. Dejaste un silencio extraño en lugares que antes sonaban a tus pasos, a ese respirar tranquilo tuyo mientras dormías, y nos llevará tiempo acostumbrarnos a una casa donde ya no estés esperando que alguien abra la puerta.
Silvana K.
23 de junio de 2026
Fue muy afortunado de tenerlos.