
Pichi llegó a nuestras vidas en 2018 y durante quince años fue esa presencia silenciosa que nos recibía cada tarde en la puerta, ronroneando como si fuera la primera vez que nos veía, haciendo que los días más grises se iluminaran con su forma particular de pedir mimos. Tenía la costumbre de dormir en el mismo rincón de la cocina donde comía, y desde ahí observaba todo lo que pasaba en casa con esa sabiduría felina que nunca pretendía entender del todo pero que de alguna manera nos tranquilizaba. Se fue en 2033 dejándonos el silencio que no sabemos cómo llenar, porque la casa ya no es la misma sin ese sonido de sus pasos en las noches o sin su cabeza rozando nuestras piernas pidiendo atención de la manera más humilde y hermosa que conocimos.
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