
Poroto fue nuestro despertador viviente durante once años, siempre activo a las tres de la mañana corriendo en su rueda como si tuviera que llegar a algún lado urgente, y eso nos sacaba carcajadas incluso cuando nos sacaba del sueño. Te encantaba esconder semillas en los rincones más raros de tu jaula y después olvidabas dónde las ponías, así que cada limpieza era como una búsqueda del tesoro donde encontrábamos tesoros marchitos entre tus mejillas infladas. Dejaste un vacío raro en la casa, ese silencio sin tus pequeños ruidos nocturnos, y ahora cada vez que vemos una rueda girar en algún lado nos acordamos de vos y sonreímos sin poder evitarlo.
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