
Poroto era esa clase de perro que te esperaba en la puerta cada vez que llegabas, saltando y moviendo la cola como si fueras la persona más importante del mundo, y vos sabías que para él realmente lo eras. Le encantaba meterse debajo de las frazadas cuando hacía frío y quedarse ahí ronroneando tranquilo, acompañándote sin pedir nada, solo queriendo estar cerca en los momentos en que más lo necesitabas. Dejó un silencio en la casa que todavía duele, esos lugares vacíos donde solía echarse y esa ausencia cotidiana que nos recordó cuánto espacio ocupaba su amor en nuestras vidas.
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