
Poroto fue el que nos enseñó a entender que la felicidad vivía en las cosas simples, como esperarnos cada tarde en la puerta con ese movimiento de cola que no podía controlar, o acurrucarse exactamente en el medio de la cama sin pedir permiso de nadie. Vos eras el primero en sentirnos tristes antes que nosotros mismos, y te acercabas con esa manera tuya de apoyar la cabeza en nuestras rodillas, como si supieras exactamente qué decir sin necesidad de palabras. Se fue en 2029 dejando un silencio raro en la casa, ese que aparece cuando falta alguien que latía junto a vos durante catorce años, y hoy cada rincón del hogar guarda un recuerdo tuyo que nos hace sonreír y extrañarte al mismo tiempo.
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