
Puma sos ese gato que se acomodaba en nuestro regazo cada vez que nos sentábamos a mirar tele, ronroneando como un motor que nunca se cansaba de hacernos sentir queridos. Te acordás que cada mañana insistías en acompañarnos a la cocina maullando hasta que te poníamos un poco de leche tibia, como si fuera un ritual sagrado que no podía faltar. Desde que te fuiste en 2019, hay un silencio en la casa que no se llena con nada, porque no hay otro como vos para ocupar ese lugar especial que dejaste en nuestros corazones.
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